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Soldados de acero – Predicas cristianas

¿Eres soldadito de plomo o soldado de acero?, recuerda que el acero cede al fuego cuando éste supera los 1,300 grados, mientras que el plomo con tan solo 327 grados se derrite. Son pocos los verdaderos soldados de Cristo, hechos de acero inoxidable que pueden resistir las tentaciones, sin sufrir fisuras en su estructura, es decir; sin abrir puertas al pecado, pero para lograr pertenecer al escuadrón del Señor no te será fácil, pues ya sabes quien será tu opositor desde la oscuridad y usará para ello, todo su arsenal de tentaciones, el problema es que la tentación te llegará envuelta en un “lindísimo” papel de regalo -el sexo nunca le falla-, casi todos caen por allí, pues aquello puede superar los 1300 grados de “tentación”, sin embargo para empezar, evita estar en el lugar equivocado a la hora inapropiada y no coquetees con el pecado, porque te “puedes quemar”. Ahora bien; si eso no funciona buscará a alguien de tu familia para tentarla, la idea es que las “bombas” causen a tu alrededor terror y sientas que “pagar el precio”, no es cosa fácil y que reconsideres si vale la pena servir a Cristo, pues como te iba antes de decidirte en ser más útil estabas mucho mejor y eso, te lo hará entender en muchas ocasiones, pero si resistes al diablo, este huirá, pues solo los valientes podrán arrebatar el reino de los cielos, ósea; tendrás que luchar con todas tus fuerzas, incluso contra ti mismo y tu carnalidad, porque ese siempre será tu lado débil y satanás lo tendrá muy presente, al momento de tratar de hacerte caer, pero si caes, Dios te levantará y te dirá: ¿lo intentamos de nuevo?.

Hay algo muy importante cuando decidas servir a Jesús, pues mediante Su Espíritu Santo, el día que te bautizas, te regala una nueva “virginidad espiritual”, por si la virginidad carnal ya la habías perdido en alguna que otra cama, pero es importante, jamás perder esta nueva virginidad y la serpiente también lo sabe, por ello tratará de que te enredes con alguien y consumas el hecho entre las sábanas de un hotel, para que pierdas el más valioso tesoro que Dios te regaló, pues aunque luego de ello, seas consolado y Dios te perdone, no será lo mismo. ¡Esfuerzate!.

No le pidas a Dios cargas más livianas para tus hombros, pídele hombros más fuertes para poder soportarlas.

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